jueves, 7 de mayo de 2009

"Abuela, querida abuela "

"Aún recuerdo el día en que entré en aquella casa. Caminé por el típico pasiilo largo y estabas en el final de éste, parada con los brazos abiertos y esa sonrisa que te caracterizaba. Me acerqué a ti, te abracé, me miraste y acariciaste mi mejilla. Esa sonrisa en tu rostro se ensanchó aún más.

Han pasado varios años desde aquel momento, pero en mi mente sigue vivo ese recuerdo. Hoy de nuevo entré a esa casa, como es frecuente cada fin de semana. El pasillo ha cambiado; tiene algunas modificaciones, pero en sí, sigue siendo el mismo. Saludo a todos los miembros de la casa y te veo. Sé que ya no eres la misma. Las facciones de tu rostro han cambiado; se volvió duro e inexpresivo. Estás recostada en tu cama, tienes la vista pegada al techo, como si estuvieses viendo algo allí, pero no hay nada, solo es blanco abuela, no hay nada...¿Qué miras? y me quedo mirándolo también por un instante. Pienso que a lo mejor ves algo que nosotros no podemos ver. Trato de conversarte, te tomo la mano y me siento al borde de tu cama. Comienzo a hablarte, no emites palabras, solamente unos sonidos guturales que no logro entender. Sé que me escuchas y tengo la esperanza de que logres entenderme. A veces, tengo la seguridad que es así. Saco un libro de mi bolso y te pregunto si quieres que te lea. Me respondiste, casi d forma milagrosa, un si. Comienzo y la historia se parece mucho a tu historia ¿No es verdad?. Llegó la hora de marcharme, sigues igual, sin movimiento. beso tu frente y acaricio cuidadosamente tu cabello. Chao abuela, te juro que volveré luego, no te preocupes abuela...mi querida abuela"